Es la función de los adultos comprometerse con ser guías para que ese enfoque sea exitoso.

El Dr. Guillermo Jaim Etcheverry1 decía en 1994 que nuestros jóvenes quizás no comprendían lo que leían en los textos, pero sí interpretaban muy bien lo que leían en la sociedad. Esto reafirmaba el grado de importancia que tenía la educación para los argentinos. Me pregunto, ¿ustedes creen que eso ha cambiado?

En aquel momento el 70% de los alumnos de primaria y secundaria no comprendían los textos.

Nuestros jóvenes hoy son hábiles espectadores activos de los mensajes subliminales de los adultos. Interpretan muy bien las hipocresías adultas construidas para un mejor vivir en sociedad. Sólo a modo de ejemplos: sabido es que los semáforos tienen una función preventiva en el tránsito de las ciudades, enseñamos reglas de tránsito en las escuelas, innumerables charlas sobre el tema, sin embargo, nuestros hijos nos ven frecuentemente cruzar en rojo bajo el simple pretexto de “estoy apurado”, “no venía nadie”,  o “yo acá no paro, con la inseguridad que hay”, sin reflexionar que con esa actitud estamos contribuyendo a la inseguridad, la del momento si se cruzará alguien confiando en su semáforo en verde, y la de la posteridad, cuando nuestro joven se preste a conducir un auto.

Lo gracioso de romper las reglas no es gracioso. La flexibilidad abusiva de normas que cada vez se sostienen por menos tiempo es de preocupar. No es aconsejable enmascarar la irresponsabilidad de tomar decisiones trascendentales y ligeramente retroceder diciendo que no se había realizado un análisis profundo de la situación, máxime aún cuando de esas determinaciones dependen otros miembros de la comunidad.

Etcheverry dice que “la sociedad honra la ambición descontrolada, recompensa la codicia, ostenta impúdicamente las riquezas, tolera la corrupción para convencer a los jóvenes con palabras de las fuerzas del conocimiento, las bondades de la cultura, la prioridad de la ética y la supremacía del espíritu”. Tomando estas referencias, me permito establecer un aparente paréntesis en el tema educación, luego compartiré por qué digo “aparente”. La ramificación del tema me traslada a la profesión de los comunicadores. Permítanme decirles que el conductor televisivo Marley2, a quién considero una persona muy inteligente aunque no comparta su estilo de conducción, ha retratado una síntesis de Etcheverry en uno de sus programas. A fines del año pasado en un cruce televisivo que tuvo con Soldán3, Marley “filosóficamente” le dice “vos venís de una época de la TV en la que si te equivocabas te echaban, fíjate que ahora me pagan para que me equivoque y cometa furcios”. Cuanta verdad, hoy en ésta Gran Comedia Televisiva pierde por goleada la educación. Pero no caigamos en el facilismo de que “la culpa es de la TV”. La responsabilidad es tripartita: del Estado que permite ciertas agresiones televisivas, de los comunicadores que soslayan la ética profesional por sobre el rating y de los televidentes que consumen estos productos. Sin olvidar que los medios de comunicación masivos educan, por ello lo de “aparente paréntesis”, retomo con la educación enfocando en otra relación. La educación es una tarima de 3 patas en la que se para nuestro joven. Estas 3 patas son: el Estado, la Escuela y la Familia. Cuando comprendamos que estas 3 patas deben medir lo mismo y estar estratégicamente colocadas para que se pueda apoyar la base del crecimiento del joven, estaremos en presencia de un justo equilibrio para un promisorio desarrollo.

En la pata del Estado, debemos encontrar buena madera para poder avanzar en inversiones que permitan mejores salarios, capacitaciones, infraestructuras  distribución garantizada de posibilidades de educación en cualquier punto del país; con lineamientos estratégicos pedagógicos que permitan adaptaciones propias del lugar en el que se educa.

En la pata de la Escuela, hay que comprender que hay dos aristas, por un lado que ésta es la expresión tangible del Estado en el lugar, por el otro, que estas instituciones están integradas con profesionales de la educación, por lo que se requiere replantear la ética de cada profesional para colaborar en reconducir la identidad de cada escuela en la comunidad en la que se inserta.

La tercera y última pata, es la Familia. Los padres debemos dejar de depositar a nuestros hijos en las escuelas. Sé que parece duro, pero reflexionemos. Somos los responsables directos de la educación de nuestros hijos. Tenemos derechos y obligaciones. Podemos reclamar garantías al Estado, pero tenemos la responsabilidad de comprometernos con lo que sucede a diario en la Escuela.

Sino articulamos estos 3 componentes de la educación de nuestros jóvenes, él aprende asimetrías de manera asimétrica. Al parecer, no estamos aún en un buen camino. Muestra de ello son los resultados del Programa Nacional Aprender 2016 que nos permite concluir:

7 de cada 10 alumnos avanzados de la secundaria tuvieron un básico desempeño en matemáticas.

El 46,4% de los alumnos de secundaria tuvieron un desempeño básico en legua, y por consiguiente dificultades en comprensión de textos.

4 de cada 10 niños de 6°. Grado de la primaria tuvieron desempeños básicos en matemáticas.

1/3 de los alumnos de primaria tuvieron desempeño básico en lengua.

En general, los alumnos que terminaron la secundaria en un 23% tienen un desempeño por debajo del nivel básico de lengua; el 40,9% en matemáticas; el 16,9% en ciencias naturales; y el 18,8% en ciencias sociales.

Pero a pesar de ello, nuestros jóvenes pueden ser expertos en informática, en redes sociales, en deportes, en actividades lúdicas. Por eso reafirmo que ellos no son “brutos” tienen inteligencia enfocada por sus intereses.

El desafío de hoy es descubrir la individualidad de esos intereses para lograr los mismos objetivos que antes, pero utilizando otros caminos en articulación permanente entre Estado, Escuela y Familia.

Lic. Juan Velazquez4

 

1 Médico argentino. Rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) en el período 2002-2006.
2 Marley es el seudónimo de Alejandro Wiebe, un reconocido conductor y productor argentino de televisión.
3 William Silvio Soldán es un conocido locutor, presentador de televisión, conductor de televisión, actor, compositor y cantante argentino.
4 Locutor Nacional (UCU). Licenciado en Periodismo (UCU). Investigador Novel UCU. Docente de nivel secundario y universitario. Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y de la Educación.

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